Historia del día 28 de Julio, Día de las instituciones

 

casa de juntas de puente san miguel plumilla de jose sagoANTECEDENTES LOS VALLES CÁNTABROS Y EL RÉGIMEN SEÑORIAL

Durante la Edad Media no hubo una entidad política que se llamara Cantabria, ya que desde el siglo VIII nuestro territorio estuvo dividido en diferentes jurisdicciones, pertenecientes sucesivamente a los reinos de Asturias, León y finalmente Castilla.

Gran parte de estas  jurisdicciones tomaron el nombre de valles, por ajustarse a estas unidades geográficas naturales, aunque en otros casos se denominaron juntas (Trasmiera y zona oriental) o hermandades (Campóo), o bien tuvieron la categoría de villas. En nuestra tierra el feudalismo o régimen señorial no fue tan severo como en otras regiones, ya que la mayor parte de los lugares gozaban de las llamadas behetrías, por las cuales podían elegir a su señor y la justicia no correspondía a éste, sino que se reservaba al rey, es decir eran lugares y valles de realengo.

 Pero al final de la Edad Media, en los siglos XIV y XV, los reyes de Castilla cedieron muchas de sus facultades a las familias más poderosas, en recompensa por su ayuda en la Reconquista o en las luchas dinásticas castellanas. Así fue cómo muchos de los valles montañeses pasaron a la dependencia señorial de la Casa de la Vega, cuya fortaleza principal sería el origen de la ciudad de Torrelavega y se encontraba en el solar de la iglesia de la Virgen Grande. Doña Leonor de la Vega fue la principal señora feudal de Cantabria, y su hijo Íñigo López de Mendoza –el famoso poeta renacentista- fue nombrado marqués de Santillana y ocupó la villa por la fuerza en 1445.

Su nieto Diego Hurtado de Mendoza trató de hacer lo mismo en 1466 con la villa de Santander, pero ésta se resistió con ayuda de gentes de Trasmiera y otras villas de la costa. El Valle de Toranzo también trató de resistirse a los Manrique, marqueses de Aguilar de Campóo y condes de Castañeda, pero éstos ocuparon dicho valle por la fuerza, reprimiendo sangrientamente la revuelta de los toranceses.

Y en la zona oriental, los Velasco se hicieron con el señorío sobre los valles de Ruesga y Soba, y compraron el Valle de Villaverde a la Casa de Avellaneda en 1440, formando con los tres un corregimiento señorial.

Así pues, muchos valles de Cantabria perdieron su preciada condición de realengo y se convirtieron de hecho en posesiones señoriales, precisamente al final de la Edad Media y con la complicidad de los reyes.

EL PLEITO DE LOS VALLES Y LA RECUPERACIÓN DEL REALENGO

 Salvo en el caso de Santander, la resistencia antiseñorial fue aplastada por la fuerza, pero la vía judicial se demostró finalmente más efectiva, aunque muy lenta. Los abusos de la Casa de la Vega en los valles de las Asturias de Santillana y la ocupación de esta villa fueron denunciados desde 1430, pero en 1448 el rey Juan II confirmó los privilegios otorgados a Íñigo López de Mendoza, zanjando así el llamado Pleito Viejo de los Valles.

 Casi medio siglo después, en 1495, el Valle de Carriedo presentó una nueva demanda ante la Real Chancillería de Valladolid denunciando los abusos del marqués de Santillana, que había tomado dicho valle por la fuerza. Los carredanos obtuvieron sentencia favorable en 1499, si bien las distintas apelaciones del marqués de Santillana prolongaron el Pleito de Carriedo hasta 1546, cuando ya se pronunció la sentencia definitiva confirmando el realengo. Animados por este precedente, otros nueve valles montañeses se unieron para entablar el correspondiente pleito contra el marqués de Santillana y recuperar el realengo. Fueron los valles de Alfoz de Lloredo, Cabezón, Cabuérniga, Camargo, Cayón, Penagos, Piélagos, Reocín y Villaescusa, los cuales estaban separados en dos bloques entre los que se interponía precisamente la jurisdicción señorial del Mayordomado de la Vega y Honor de Miengo, del marqués de Santillana.

 Presentada la demanda ante la Chancillería de Valladolid en 1544, obtuvieron sentencia favorable en 1553, si bien los recursos del marqués de Santillana retrasaron la sentencia definitiva del Pleito de los Valles hasta 1581, cuando los Nueve Valles fueron reconocidos como reales valles. A la hora de entender este proceso, debe tenerse en cuenta que la monarquía castellana del siglo XV estaba muy debilitada y en manos de las grandes familias nobiliarias, que obtuvieron muchas prebendas reales. Sin embargo los Reyes Católicos y sus sucesores (Carlos I y Felipe II) instauraron una monarquía autoritaria que metió en cintura a los nobles y terminó con muchos abusos, y en ese contexto se desarrollaron los pleitos referidos.

DE LA PROVINCIA DE NUEVE VALLES A LA DE CANTABRIA (1581-1778)

 Una vez reconocida su condición de realengo, los nueve reales valles que habían ganado el pleito constituyeron en 1581 una “provincia” de carácter jurisdiccional y administrativo, pero que no era exactamente lo que hoy entendemos por provincia.

Para realizar sus reuniones construyeron una casa de juntas en Bárcena de la Puente, hoy Puente San Miguel, en el Valle de Reocín, lugar céntrico respecto a los Nueve Valles que conformaron inicialmente la entidad. De la misma forma que los valles de la Provincia de Liébana se reunían en la villa de Potes, las hermandades de la Merindad de Campóo en la villa de Reinosa, las juntas de la Merindad de Trasmiera bajo la encina de Hoz de Anero, o los vizcaínos bajo el roble de Guérnica.

 Sin embargo la Provincia de Nueve Valles, por su ubicación central y dinamismo, sería el germen de la Provincia de Cantabria, ya que convocó a sus juntas a otras jurisdicciones cántabras, las cuales se fueron incorporando para hacer frente a problemas comunes.

En 1727 se produjo el primer intento conocido de agrupar a todas en un cuerpo provincial, reuniéndose en la villa de Santander representantes de todas las jurisdicciones comprendidas entre el Principado de Asturias y el Señorío de Vizcaya, faltando únicamente la Merindad de Campóo.

Sin embargo las ordenanzas redactadas y la propuesta presentada no obtuvieron la preceptiva aprobación real y el proyecto no fructificó. Pero medio siglo después, el 28 de julio de 1778, se constituyó en Puente San Miguel la Provincia de Cantabria por 27 jurisdicciones de las antiguas Asturias de Santillana y Provincia de Liébana, invitando a unirse a las restantes. Esa es la efemérides que se conmemora actualmente cada 28 de julio bajo el nombre de “Día de las Instituciones”, considerándose el antecedente histórico de las instituciones de autogobierno que tiene Cantabria desde la consecución de la autonomía en 1981.

DE LA PROVINCIA DE CANTABRIA A LA DE SANTANDER (1778-1833)

 El 22 de noviembre de 1779 fueron aprobadas por Carlos III las Ordenanzas de la Provincia de Cantabria, y sucesivamente se fueron incorporando a la misma las demás jurisdicciones de las Asturias de Santillana y las Tres Villas Pasiegas, así como la ciudad de Santander, que por entonces se encontraba en plena expansión. Santander aspiraba a encabezar la nueva provincia, pues en esa época ya era la localidad más poblada y dinámica, sede episcopal desde 1754 y ciudad desde 1755. Pero el resto de las jurisdicciones integrantes defendían una estricta igualdad entre todas, siendo muy diferentes los intereses de una ciudad portuaria y comercial a los de unos valles rurales de economía tradicional. Por otro lado esta “provincia” no lo era en el sentido actual del término, pues por lo civil casi toda Cantabria dependía de la Intendencia de Burgos, con excepción de la comarca de Campóo, que pertenecía a la Intendencia de Toro.

En 1801 Santander obtuvo de Carlos IV la creación de una fugaz “provincia marítima” desgajada de Burgos, la cual fue suspendida en 1805 debido a las presiones burgalesas. Por su parte la Provincia de Cantabria pervivió durante casi medio siglo, ya que las últimas juntas de Puente San Miguel de las que existe noticia se celebraron en 1824, con el importante paréntesis de la Guerra de la Independencia (1808-1814). En la época del Trienio Constitucional (1820-1823) se debatió un proyecto liberal de hacer una división nueva y racional del territorio español en provincias, siguiendo el modelo departamental francés. Entonces el Ayuntamiento de Santander presionó para ser la capital de una provincia que llevara su nombre, desplazando al de Cantabria. Aquel proyecto quedó abortado al producirse la restauración del absolutismo en 1823, pero una década después, en 1833, se crearon las actuales provincias españolas. Nació así la Provincia de Santander, con capital en esa ciudad, quedando relegado el nombre de Cantabria a nivel oficial durante casi un siglo y medio. Fue entonces también cuando los valles de Peñamellera y Ribadedeva pasaron a la nueva Provincia de Oviedo, en tanto que se incorporaba a la de Santander la comarca de Campóo, que antes había pertenecido a Toro.

Por otro lado también desaparecieron las antiguas jurisdicciones menores (valles, juntas, hermandades, etc…), sustituidas por municipios constitucionales agrupados en partidos judiciales. En algunos casos los viejos valles fueron divididos en varios municipios, por ejemplo el de Cabezón en dos (Cabezón de la Sal y Mazcuerras), el de Cabuérniga en tres (Ruente, Los Tojos y Valle de Cabuérniga), y el de Alfoz de Lloredo en cuatro (Alfoz de Lloredo, Comillas, Ruiloba y Udías). Pero otras veces las jurisdicciones históricas se han mantenido unidas y han conservado los viejos nombres a nivel popular o incluso oficial (Valle de Soba, Junta de Voto, Hermandad de Campóo de Suso, etc…).Texto de Fernando Obregón Goyarrola.

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